Los errores se agolpan donde el tiempo es bajo — posiciones sanas se derrumban bajo presión autoinfligida.
Gastaste el reloj y luego fallaste bajo presión — te ganó el reloj, no tu rival. El tiempo es un recurso que se gasta donde importa: viértelo en las pocas decisiones críticas y agudas, y juega rápido las jugadas obvias de desarrollo y recaptura. Una buena jugada hecha ahora vale más que una perfecta que nunca llegas a jugar. Reparte el tiempo para que las decisiones más duras aún tengan minutos detrás.
La buena noticia: es un patrón, no mala suerte — y los patrones se entrenan. El primer paso es medir el tuyo: cuántas veces aparece en tus partidas reales y cuántos puntos de ELO te está drenando. Después, la reparación diaria: 5 minutos sobre tus propias posiciones, no puzzles inventados.