Te comprometes con la iniciativa mientras tu propio rey está expuesto, y el contraataque llega primero.
Tu rey quedó al descubierto — sin enrocar, con su escudo de peones roto, o con sus defensores lejos — y el ataque rompió. En el medio juego el rey no es una pieza de combate; es lo que proteges. Enroca pronto, mantén intactos los tres peones de delante, y deja una pieza o dos cerca. Un rey seguro permite que el resto de tu ejército ataque sin miedo.
La buena noticia: es un patrón, no mala suerte — y los patrones se entrenan. El primer paso es medir el tuyo: cuántas veces aparece en tus partidas reales y cuántos puntos de ELO te está drenando. Después, la reparación diaria: 5 minutos sobre tus propias posiciones, no puzzles inventados.